Columna de Opinión: Siempre pasa algo ¡Chile!

Comienzan, nuevamente, las eliminatorias al mundial de Qatar 2022 que se vieron interrumpidas por la contingencia actual de la pandemia. Sudamérica, unas de las zonas geográficas que aún sigue siendo azotada por las altas cifras de contagiados y fallecidos por el virus del COVID-19, pero eso no frena al negocio del fútbol y el espectáculo, la redonda debe rodar si o si en los estadios de la comarca de Alejandro Domínguez.

Con un muy convulsionado Chile, donde no pudimos ver al huaso Isla, al capitán américa Bravo, al Pitbull Medel bajas importantes pero que anoche no fueron tan determinantes como pensabamos antes del cotejo. ¡Nos venimos con un saco de Goles! decían los viejos, eso no fue así, Chile hizo un correcto partido ante los charruas. Recordemos el último partido en tierras orientales, donde Cavani y Compañia nos dieron un baile, y el saco se vino con 4 esféricas.

El buen juego de Vidal, el motor de Chile en la cancha, el arco de memoria de Alexis, el siempre amigo de todos Charles Aranguiz y la muy buena impresión que dejo Sierralta pasan a un segundo plano cuando nos acordamos de los cobros del hombre que es convocado para impartir “justicia” la cual se vio bastante cuestionada cuando se trataba de los chilenos.

Ubaldo Aquino Valdezano es paraguayo, ya sabemos todos cuales eran los destinos del futbol sudamericano en Luque, la tierra de algunos pocos.  El guaraní nunca antes tuvo a su cargo esta responsabilidad y su experiencia más cercana fue como cuarto juez, y justo tenía que debutar ante nosotros.

Terminaba ya el primer tiempo, y el VAR hacía su estreno en el partido, una mano en el área chilena, un rebote  que luego da en la mano del defensa Chileno, y los uruguayos se lanzan en estampida hacia el arbitro paraguayo, silencio, carreritas, conversación con la sala de mando, y Aquino corre al monitor a revisar la jugada. Después de revisar 3 tomas la señal era clara, mano en el área, es penal. Desde los 12 pasos el mordelon Suarez anota el primer gol de las eliminatorias en esta nueva etapa.

Dicho sea de paso, que fome es ver los partidos de eliminatorias sin público, si ese aliento en las gradas, sin el folclore latinoamericano de las hinchadas, solo se escuchan los gritos de los bancos y uno que otro ruido que se cuela en la transmisión, me hace recordar esos sudamericanos de verano donde los estadios estaban casi vacíos y los goles los narraba  Hans Marvitz ¡Que recuerdos! .

Chile hacía un buen segundo tiempo, donde se aproximaba al pórtico de Campaña, hasta que la gloria llegó, centro milimétrico del Príncipe de Puente Alto, Sir Charles Aranguiz y un inspirado Alexis Sánchez la cobra, era el empate para Chile y las esperanzas renacían, 1 a 1 el marcador en reducto difícil para nuestras huestes, negocio redondo.

Todos pensábamos, ¡mira el equipo que planto Rueda! con varios nombres desconocidos y se van a traer un punto de Montevideo, se leía en el tablon virtual del twitter donde todos son técnicos, preparadores físicos y hasta analistas internacionales, yo en silencio miraba el partido porque sabía que algo iba pasar, era Uruguay, los reyes de la trampa, de las avivadas y de ganar “a la uruguaya” así que mi espera era cauta.

Minuto 87 y Alexis daba un pase milimétrico a Victo Dávila, ¡Sí!  dije Dávila, les dije que veníamos con un equipo muy raro, el arbitro detiene  el partido, conversa con la sala de “acuerdos”  y revisión VAR. ¡Si señores! se viene el penal para Chile, si le cobraron lo mismo a Uruguay, el cobro ahora era inminente. Pero No señores, Aquino NO vio la mano charrua, nuevamente éramos perjudicados por un cobro arbitral, el punto de oro que estábamos obteniendo se va al carajo, volvíamos a los fantasmas del pasado, nos robaban a MANO armada.

Bueno sigamos, total Chile estaba poniendo huevos y podíamos aguantar el 1 a 1 pero No, no, no  Maximiliano Gómez que ingresaba minutos antes saca un zapatazo salido de otro partido y  termina de sepultar nuestras ilusiones, minuto 93 y gol para Uruguay. Nos quedábamos sin nada, como siempre. Chile, por la mierda, ¡Siempre pasa algo!

Por Danny Marilicán Garramuño

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