[CRÓNICA] ¿Qué le faltó a Óscar Bravo para triunfar en California?

Por. Claudio Peñaloza Torres

El púgil nacional cayó sin apelaciones ante un invicto y superior Rubén Torres.

La segunda aventura de Óscar “La Makina” Bravo arrancó a comienzos de este 2020, antes de que el virus nacido en China paralizara al orbe. El púgil chileno partía a los Estados Unidos, la Meca del boxeo mundial, con el alma en la maleta, ilusiones en los guantes y un plan en la cabeza. En declaraciones dadas antes de su partida a Hoy Deportes, Óscar se veía y expresaba con seguridad: “Tengo más experiencia, puedo dar la sorpresa”, repetía a modo de talismán.

El panorama del boxeo chileno ya no ofrecía ni un solo puño capaz de desafiar al físico y potente campeón chileno. La categoría de los Ligeros era suya. Demostrado quedó en su despedida, evento realizado (cómo no) en el Club México, prácticamente la casa de Bravo. Ahí enfrentó a Jonathan Joel Arena, un contrincante con mucha menos experiencia que el chileno e irregular en sus resultados. “La Makina” ganó y partió en busca del sueño americano.

Alentado por Grand Enterprises y reeducado por Joel Díaz, el ex as nacional entregaba el 100% de su capacidad, entrenaba y esperaba a que en el horizonte apareciera la chance de subir al ring. Y sucedió: 26 de julio de 2020, Bravo versus Torres en California. La prensa chilena se volteaba a última hora para mirar el proceso que inició a principio de año. Todo listo. Los meses de preparación se pondrían a prueba ante un joven púgil norteamericano de solo 22 años, pero invicto y noqueador.

Arrancada ya la pelea me preocupó un gran detalle: el alcance de Torres. El “jab” del veinteañero se desplegaba con soltura y ponía distancia a un Óscar Bravo evidentemente más bajo que su rival, por lo tanto, si el chileno no intentaba (y lograba) entrar en la guardia del yankee se pondría todo difícil. “Makina” salió desde el primer asalto a buscar, infiltrándose, metiendo cintura, pero su antagonista aprovechaba ese “jab” que mantenía a raya al criollo y parecía golpear fuerte cuando combinaba con derecha.

El combate pactado a ocho asaltos avanzaba, pudiéndose apreciar que en algunos de los asaltos que alcanzó a durar la pelea el médico revisó la condición de Óscar, señal que sería presagio de lo que sucedería. Adentrados en el 4 round, la balanza tenía dueño. Torres seguía metiendo “jab”, Bravo perdía cintura y recibía más de lo necesario. Golpes con poca dinamita del ex campeón chileno. Mientras Rubén caminaba hacia la esquina como quien va a comprar pan, nuestro compatriota hacía esfuerzos por recobrar el aliento.

Se abrió el sexto round. Yo honestamente podía leer “NOCAUT” en los puños de Torres, recordando con asombro y nostalgia las palabras del tocayo de Ringo Bonavena a Hoy Deportes: “A mí nunca me han noqueado”. Pero La Makina perdía potencia a cada segundo. Intentaba sorprender con combinaciones al cuerpo, entrando con velocidad a la guardia del dueño de casa, pero el muchacho de 22 años estaba claro. El desgaste del santiaguino estaba llegando a su tope. Fue tras un puño del invicto que el arbitro decidió finalizar todo con un TKO (nocaut técnico), entregándole la victoria a Rubén Torres.

El debate se abrió instantáneamente. Algunos apuntaban a que peló en la categoría errónea, otros que el juez de ring Corona se atarantó en la decisión, y así se desplegó un abanico de hipótesis. Nosotros creemos que Óscar se apresuró, saltó (quizás) con mucha ansiedad ante un muchacho que por físico debió prever superior. El factor físico diluyó su guardia, concentración y contraataques. Tal vez “Makina” debió llevar el combate el flanco de la experiencia, pero hablar desde la computadora siempre es más fácil que guantear sobre el cuadrilátero.

Foto: Hoy Deportes

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