El Hincha Opina: ¿Quién apagó la Luz?

Mi historia con la U viene conmigo desde mi concepción, mi padre, azul de tomo y lomo, un hombre bueno, de campo, oriundo de la Isla grande Chiloé el cual tuvo una infancia muy  distinta a la mía. El  menor de 9 hermanos, el único que pudo estudiar y seguir un futuro promisorio, fue  el que me impregnó este amor desmedido por los azules, y era que no, al nacer venía azul, si como lo acaban de leer venía completamente azul y no era porque fuera el hincha más acérrimo del bulla, ¡No!, era porque venía envuelto en el cordón umbilical y me estaba ahogando, un par de minutos más que se demoren en sacarme y hoy no estaría contando esta historia como una anécdota bullanguera,  del bulla antes que abriera mis ojos

 

La infancia de un bullanguero en los 80 y 90 no era algo fácil de lidiar, fue una década donde no ganábamos nada y digo década y no hago alusión a los 25 años de sequía porque me quiero concentrar en esa década donde fui niño, donde iba al colegio y donde ser hincha de la U era algo  que llevaba con orgullo pero siempre acompañado de lo que hoy le llaman bullyng en ese entonces yo le llamaba Indios hinchas de sus copas.

Siempre fui a un colegio mixto, donde era bastante estudioso pero muy desordenado, me gustaba sentarme en la parte de atrás de la sala, ponerle sobrenombre a mis compañeros, inventarle canciones y salir de los primeros al recreo, lejos donde no pudieran pillarme para que no me pidieran la gran parte de la colación.

Mi infancia en el Liceo Andrés Sabella de Antofagasta, que cuando yo entré solo se llamaba D 91,  una escuelita sencilla, de salas rústicas y patios de tierra donde mi generación peleó siempre por ir en la mañana pero nunca pudimos, solo pudimos pasar a la jornada mañanera en la media, no sé porque queríamos tanto ir en esa jornada, yo creo porque los que iban en la mañana se sentían más importantes, eran más grandes, los dueños y amos del recreo, de las canchas y las pichangas entre bloques con un yogu yogu o el borrador de lona que algún distraído profesor no había guardado en su estante bajo llave.

Yo siempre elegía a Ariel Beltramo, o a Mariano Puyol eran mis ídolos de niñez, los que más escuchaba en la radio cuando me concentraba en esas jornadas sabatinas y me podía imaginar saltando en el tablón junto a los de abajo en ese bello e inmenso estadio que se veía por la tele en el recuento del domingo por la noche, era mi sueño ver jugar a esos 11 leones que vestían de azul marino, esos 11 guerreros que ganaban por la cuenta mínima que perdían a la siguiente fecha pero que siempre los acompañaba su gente, su bulla su hinchada que estaba ahí para levantarlos sea como fuere.

Me gustaba mucho jugar a la pelota, pero era malo, de los que elegían siempre al último así que para no pasar más vergüenzas se me ocurrió llevar la pelota a la clase de educación física, ahora era el capitán, el que elegía a los compañeros para formar el equipo, era el Luchito Musrri del cuarto A, mi humillación fue trasladada a la rana Rene, un compañero que era del CDA (Club de Deportes Antofagasta) que era el más malo de todo el curso.

Todos mis compañeros eran del colo colo  erán súper pocos los azules en mi curso, así que siempre era fácil elegir a tu jugador favorito Puyol Beltramo y Musrri eran mis comodines hasta que apareció un joven venido de Temuco, Salas era su apellido y nos tuvimos que pelear la 11 a combos con el Lucho Segura, él era repitente y bueno para la pelota. Siempre lo elegían de los primeros así que se ganaba el derecho de ser Salas.

Un día donde yo era el capitán del equipo A y el Lucho Segura el del equipo B nos disputamos los jugadores para empezar la pichanga, pero al final de la repartija donde por desgracia me toco quedarme con la Rana René , faltaba un solo punto por dilucidar… Quien sería Marcelo Salas.

.- Yo voy Soy Salas yo lo elegí primero, desde el año pasado que lo elegí asi que yo tengo el derecho  a la 11.

.- No po´ guatón Danny, vo siempre soy Musrri o Puyol no vengas con esa ahora, yo soy Salas además que te bailo todo el rato así que yo soy el matador y punto.

 

Yo no iba a dejar que se mancillara mi nombre futbolístico, que hasta ese entonces solo me lo había ganado por ser el dueño de la pelota, iba a luchar hasta el final la autoría de ser Salas y poder jugar con la 11 para anotar goles por mi equipo, así que nos agarramos a combos para zanjar la disputa de quién sería el matador.

EL lucho era más grande que yo y más habilidoso para los combos, así que comenzó a darme una sarta de puñetes que pocos pude esquivar, mi habilidad era desestabilizar a mi oponente mi papá me había enseñado alguna técnicas de judo así que era fácil para mi agarrar a mi oponente y lanzarlo a tierra, fue lo que ocurrió el lucho en un dos por tres caía ante los gritos de los compañeros que había formado un circulo los 11 que eran del colo por un lado y los 6 que eran de la U por otro lado reforzados con los que eran hinchas de Antofagasta, la UC y la rana Rene que era el que no sabía a quién alentar pero que se quedaba conmigo porque lo había elegido para mi lado.

Las niñas del curso llegaron a ver la pelea, y entre combo y combo escuchaba los gritos, las risas y el cántico que era característicos de día lunes cuando llegábamos a la sala.. Quien apago la luuuuuz  los malos de la U.

No podría decir que gane la pelea, el lucho se defendió hasta el final, no pudimos ser Salas ninguno de los dos, justo llego “el Perro” el inspector más odiado del colegio y nos separó y llevo de un ala a los dos chunchos que se disputaban el nombre de Marcelo Salas.

Me citaron el apoderado y mi mamá tenía que ir por segunda vez en el año a dar la cara por su hijo revoltoso, le conté a mi mamá porque me habían citado el apoderado, que me había agarrado a pelea y que no era mi culpa, además que todos estaban molestándome por ser de la U, que apagará la luz y todo esas tonteras… Mi mamá después de pegarme un par de cachuchasos me dijo con un tono sepulcral. Y se te cumplió lo que estaban pidiendo tus compañeros, vas a apagar la luz de tu pieza y te vas a ir acostar castigado hasta mañana cuando llegue tu papá vamos a conversar.

 

Me fui corriendo acostar y hacerme el dormido, mi papá nunca me retaba, jamás me pegaba pero cuando se enojaba, y con razón , nada bueno podía salir de esa conversación.

Al día siguiente llegue al colegio y el lucho segura estaba sentado al final de la sala, cruzamos miradas pero no nos saludamos, me senté en mi puesto de siempre y del otro extremo de la sala se escuchó al Foster, el indio más hincha pelotas del curso gritar QUIEN APAGO LA LUUUUUZ  LOS MALOS DE LA U.

 

Por Danny Marilicán. 

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