Maradona y la “mano de Dios”: ¿Obra de arte o vulgar pillería?

Por. Claudio Peñaloza Torres

 

A 34 años del triunfo de Argentina sobre Inglaterra, cabe repasar el hito que marcó el partido, la copa y el fútbol para siempre.

Un 22 de junio de 1986 se reunían argentinos e ingleses para definir quién llegaría a la semifinal de México 1986. Habían pasado 20 años desde el dudoso campeonato que obtuvieron los europeos en condición de local, y ocho años desde el mundial que Mario Alberto Kempes conquistó con el cuadro trasandino en su propia casa. Ambas escuadras se medían en igualdad de condiciones: Un título mundial cada uno, cada cual habiendo ganado en casa y aspirando al bicampeonato del orbe.

Solo 4 años antes, la Guerra de las Malvinas había llegado a su fin con la expulsión de los ultimos argentinos de las islas, confirmando la soberanía bélica inglesa.

Este escenario se componía de otros materiales, pero tenía un olor potente a venganza. Marcando el reloj el mediodía en suelos aztecas, comenzaba una revancha que Argentina quería cobrarse a como dé lugar (y vaya que así fue). Casi 115.000 almas presenciaban el espectáculo morboso que evocaba los vientos isleños de Malvinas, más esta vez el protagonista sería un sagaz y bajito elemento celeste.

Iniciándose el segundo tiempo, Maradona, “el genio del fútbol mundial” como recitó de modo insuperable Victor Hugo Morales, incineró las redes rivales con dos “puñales” certeros. El primero de ellos saltando a decidir un balón dividido entre él y el portero y capitan Shilton. Diego, sabiendo que no llegaba con la cabeza, le metió un puñetazo embustero y batió la resistencia británica en el amanecer del segundo lapso.

Los campeones de 1966, aturdidos y exaltados por la locura de Diego, no pusieron atención y “Pelusa” se aprovechó del pánico: Solo tres minutos después, Maradona la pisó en mediocampo, arrancó, aceleró, encaró, gambeteó, “barrió” a Shilton y transformó en poesía su jugada, convirtiéndolo en el mejor gol de todos los tiempos.

La pregunta al día de hoy es una sola: ¿Es Diego un prócer del fútbol o un tramposo sin ética?

 

Foto: El Universo

 

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